-------------------- El Viajero ----------------

Nacido en Pamplona, capital del viejo Reyno de Navarra. Con 25 años, para algunos muy tarde para algunos muy pronto... decidí varias cosas: Me encontraba inmerso en un estilo de vida que no me satisfacía plenamente, ya que daba igual que tuviera 25 años o que tuviera 50, iba a seguir haciendo lo mismo, y con lo mismo para contar cada día. Así, que empaque la mochila ... y partí un día 6 de octubre de 2005 hacia Buenos Aires, donde empecé algo... que no se cuando acabará. Mi objetivo principal es VIVIR, y a la vez, sentirme vivo. Viajar... una forma de vida. No consiste en llegar a un lugar, sino disfrutar de cada segundo del camino, cada lugar, cada persona, cada grano de tierra, cada atardecer como si fuera el último y el más lindo... Y en eso consiste mi viaje, no llegar a ninguna parte... vivir viajando; al fin y al cabo, VIVIR. Y desde aquel momento, me considero la persona más feliz del mundo, con una riqueza inmaterial que nadie me puede quitar y nadie puede comprar, que no depende de nadie. Como una vez leí, las cosas verdaderamente buenas de la vida, no son cosas ni tienen valor. Aprendo, vivo y disfruto; entonces ¿por qué parar de viajar?
jotikass@gmail.com

lunes, septiembre 18, 2006

De vuelta a las andadas

Recuerdo, allá por el mes de junio, preparando mi mochila para volver a Pamplona, la multitud de pensamientos que rondaban mi cabeza. En lo que iba a ser un año sabático de un año recorriendo sudamérica, se convirtió en 9 meses recorriendo media Argentina, y el comienzo de una gran "enfermedad", el nomadismo.

Costó mentalizarse a la idea de volver a casa, pasar un par de meses con horarios, durmiendo en la misma casa, teniendo un armario con ropa limpia, ver las mismas caras, tener teléfono, internet, ... así como muchas cosas que en el fondo son necesidades que nos autoimponemos.

Y así fue, como intenté mentalizarme para asumir estos dos meses de intenso trabajo como una continuación de mi viaje. Un paso mucho más pequeño que los anteriores, pero a su vez necesario para recobrar fuerzas, y por qué no decirlo, acumular algo de dinero que me permita seguir viajando un año más (al menos).

Pasaron los días, y llegó nuevamente el mes de septiembre. Nuevamente despedidas de gente querida. Y nuevamente mezcla de sensaciones. Tristeza por los que se quedan acá ( o allá), y alegría por volver allá ( o acá), y encontrarme con muchos buenos amigos, y por qué no decirlo, conmigo mismo también. Al igual que pasó en octubre pasado, o en junio al volver a estas tierras, miles de sensaciones se encuentran, creando un pseudo estado de shock.

Como dije, me picó el virus del nomadismo, la sensación de no tener casa y a la vez tener miles de casas; de ser de un lugar, y a la vez sentirse como en casa en todos... y así podría seguir. Para tranquilidad de mi madre, insistiré que nomadismo no es mendicidad.

Y es que uno, viajando de esta forma se siente muy feliz, se siente haciendo algo que le llena completamente. Y a pesar de que la gente insiste en preguntar qué ha sido lo peor del viaje, los malos momentos,... no los consigo encontrar, puesto que aunque uno pase momentos "no tan buenos", acaban aportando cosas positivas. Aunque quizás sí que haya algo malo en los viajes, y ésto son las despedidas. Hay despedidas y despedidas. Las que se hacen a un familiar, o a un buen amigo, ... también están las despedidas que se hacen a un compañero de viaje... o a un camionero que sin querer obtener ningún beneficio material a cambio, te lleva en su camión aunque solo sean 10 kms; te hace un lugar en su casa para que subas con tu mochila, aunque esté embarrada. Y al final, aunque puede que incluso no sepas su nombre, te bajas con una satisfacción tremenda de ver que hay gente que da algo buscar recibir nada a cambio.

Eso podría ser algo de lo peor, las continuas despedidas que se realizan en la ruta a buena gente. Que contrastaría con algo totalmente relacionado: cuando estás en una banquina (andén), y un auto se para a tu pulgar levantado. Esa sensación es dificil de explicar.

En fin, que llegó la hora. Nuevas rutas esperan, nuevas aventuras, nuevos amigos, ... nuevos días.

Viajar no es llegar a un sitio, sino disfrutar de cada piedra del camino. Y no pararé hasta que llegué al horizonte.