-------------------- El Viajero ----------------

Nacido en Pamplona, capital del viejo Reyno de Navarra. Con 25 años, para algunos muy tarde para algunos muy pronto... decidí varias cosas: Me encontraba inmerso en un estilo de vida que no me satisfacía plenamente, ya que daba igual que tuviera 25 años o que tuviera 50, iba a seguir haciendo lo mismo, y con lo mismo para contar cada día. Así, que empaque la mochila ... y partí un día 6 de octubre de 2005 hacia Buenos Aires, donde empecé algo... que no se cuando acabará. Mi objetivo principal es VIVIR, y a la vez, sentirme vivo. Viajar... una forma de vida. No consiste en llegar a un lugar, sino disfrutar de cada segundo del camino, cada lugar, cada persona, cada grano de tierra, cada atardecer como si fuera el último y el más lindo... Y en eso consiste mi viaje, no llegar a ninguna parte... vivir viajando; al fin y al cabo, VIVIR. Y desde aquel momento, me considero la persona más feliz del mundo, con una riqueza inmaterial que nadie me puede quitar y nadie puede comprar, que no depende de nadie. Como una vez leí, las cosas verdaderamente buenas de la vida, no son cosas ni tienen valor. Aprendo, vivo y disfruto; entonces ¿por qué parar de viajar?
jotikass@gmail.com

viernes, diciembre 08, 2006

Intentando atravesar el parque Puyehue

Todo el mundo decía que Osorno era una ciudad muy fea, incluso sus propios habitantes. Quizás esa preparación previa hizo que no nos defraudara tanto. No era una maravilla, pero tenía vida en la calle y eso me agradó. Además, sus bellas mansiones de estilo alemán construidas en el S. XIX servían para que un paseo por el centro mereciera la pena. Por lo demás, muchísimos supermercados, una catedral un tanto extraña, una plaza con mucha gente y con el árbol de navidad, y un small. En sudamérica, a los centros comerciales se les llaman shopping centers o malls, y tal y como nos dijo una niña, el de osorno no es un mall, sino un small debido a su pequeño tamaño.

Pasamos nuestra segunda noche en Osorno en casa de Marco, hablando de viajes mientras tomábamos el once, que es la merienda-cena típica chilena: té o café, pan, mantequilla, mermelada, paté, ... y todo lo que se quiera poner sobre la mesa.

El martes día 5 fuimos al Parque Nacional Puyehue, donde nuestro plan era subir al volcán Puyehue, y luego caminar por unas dunas que dicen parece un paisaje lunar, para llegar a un lugar en medio de la nada con aguas termales. De ahí, iríamos a visitar una zona con geiseres y luego seguir a Riñinahue, por una senda casi sin marcar. En total serían unos 80 kms, en 5 días, con toda nuestra ilusión. Entramos al parque, tras pagar la cara entrada (aunque la sacamos a mitad de precio). Cosas de sudamérica,el volcán está en una propiedad privada (o sea, que el dueño podría decir a sus amigos que tiene un volcán en su casa!!!).

Tras acampar en la falda del volán, el día siguiente subimos al cráter. Disfrutamos en la cima durante dos horas de su majestuosidad, con el sol calentándonos fuertemente, tumbados junto al cráter, y rodeados de nieve. Así... hasta que llegó el resto de la gente que estaban por la zona: 10 israelitas y 12 italianos, y como empezó a haber demasiado ruido, nos fuimos hacia abajo. Nos desviamos para inspeccionar el camino que queríamos hacer el día siguiente hacia las aguas termales, y comprobamos lo que nos habían advertido, que había mucha nieve, demasiada. Visto lo complicado que iba a ser caminar por ahí tantas horas con la mochila... desistimos. Otra vez será.

Salimos del parque y nos encontramos con el problema de que el lugar en el que estábamos para hacer dedo, no es fácil, debido a la gran velocidad a la que pasan los autos por este punto. Pero como siempre, la suerte es una fiel compañera del viajero, y se detuvo una 4x4 que iba a Santiago y nos llevaría a Valdivia; eso sí, estuvimos 2 horas haciendo dedo. Jorge, que se llamaba el conductor, no solo se desvió para dejarnos en Valdivia 8 horas antes de lo que pensábamos llegar, sino que además, nos ofreció una cabaña para cuando estuvieramos cerca de Viña del Mar y Valparaíso; y además (sí, todavía hay más), nos invitó a comer una enorme fuente de mariscos en el mercado de Valdivia. Un grande!! De ahí, con el estómago lleno, llamamos a Claudio, miembro de Hospitality Club y al que yo había informado que llegaríamos el día 11. Era el día 8, y no puso ningún problema, abriéndonos amablemente la puerta de la casa en la que vivía estos días en Corral, lugar donde trabaja. Para llegar a la casa... fácil, una micro, un barquito, y una cuesta que ni en el volcán!!!!

3 comentarios:

  1. Anónimo8:58 a. m.

    Animo, jóven...sigue así. Disfruta de tus aventuras, pero haznos partícipes a nosotros también, pues aunque nadie te conteste, te seguimos...SUERTE

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  2. Sí es cierto, muchos te seguimos

    q suerte q tienes! es bueno saber que hay mucha gente buena en el mundo

    dale, actualízate!!!

    buenos caminos!!!

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  3. Sí es cierto, muchos te seguimos

    q suerte q tienes! es bueno saber que hay mucha gente buena en el mundo

    dale, actualízate!!!

    buenos caminos!!!

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