-------------------- El Viajero ----------------

Nacido en Pamplona, capital del viejo Reyno de Navarra. Con 25 años, para algunos muy tarde para algunos muy pronto... decidí varias cosas: Me encontraba inmerso en un estilo de vida que no me satisfacía plenamente, ya que daba igual que tuviera 25 años o que tuviera 50, iba a seguir haciendo lo mismo, y con lo mismo para contar cada día. Así, que empaque la mochila ... y partí un día 6 de octubre de 2005 hacia Buenos Aires, donde empecé algo... que no se cuando acabará. Mi objetivo principal es VIVIR, y a la vez, sentirme vivo. Viajar... una forma de vida. No consiste en llegar a un lugar, sino disfrutar de cada segundo del camino, cada lugar, cada persona, cada grano de tierra, cada atardecer como si fuera el último y el más lindo... Y en eso consiste mi viaje, no llegar a ninguna parte... vivir viajando; al fin y al cabo, VIVIR. Y desde aquel momento, me considero la persona más feliz del mundo, con una riqueza inmaterial que nadie me puede quitar y nadie puede comprar, que no depende de nadie. Como una vez leí, las cosas verdaderamente buenas de la vida, no son cosas ni tienen valor. Aprendo, vivo y disfruto; entonces ¿por qué parar de viajar?
jotikass@gmail.com

martes, noviembre 28, 2006

La Isla de Chiloé

(Llegué a Chiloé por Quellón, luego Chonchi, Castro, Dalcahue, Curaco, Achao, Aucar, Quemchi, Ancud y pingüinera Puñihuil. Pulsa para ver el mapa de la región)

Dejé Chaitén, un pueblito pequeño pero en el que al parecer la gente es muy creyente. De echo, el pueblo está lleno de salas religiosas: iglesia adventista, metódica, evangélica, del 7° día, de los testigos de Jehová, ... Quizás se debe a tanta religiosidad que en las Termas a las que fuí, entre un decálogo de prohibiciones, había una prohibición de realizar escenas amorosas.

El trayecto es de 5 hroas en Ferry, y mientras me alejaba de la cordillera, la visión de los volcanes Michinmahuida y Corcovado (cercanos a Chaitén) cubiertos hasta entonces por nubes, iban apareciendo por encima de éstas. Así llegué a Quellón, pareciendo que estaba ahí no más de los volcanes. Sin embargo, este pueblo tenía mucho más movimiento, sobre todo por la gran cantidad de gente tirada borracha que me encontré por las calles.

Me encontraba ya en la Isla de Chiloé, uno de los últimos reductos de los Españoles, que le llamaron la "Nueva Galicia". Y en verdad, se parece: sus continuos subeybajas, sus mariscos, sus campos verdes (aunque quizás en galicia ya son más bien color ceniza...), y sus casi eternas lluvias. Los chilenos expulsaron a los españoles de acá hacia Punta Arenas, y se quedaron tan resentidos con ellos, que cambiaron toda la toponimia al idioma local, a excepción del río Gamboa y la ciudad de Castro (antes Santiago de Castro).

Como interés turístico, muchos son los atractivos de esta región, una de las más visitadas de Chiloé, pero sobre todo sus iglesias,sus palafitos y su pescado.

Sus iglesias son patrimonio de la humanidad, con la arquitectura chilota basada en las tejuelas para cubrir las paredes, que le da un aspecto {unico. Además el colorido suele ser llamativo, como por ejemplo la iglesia de Tenaún, o la parte interior de la iglesia de Castro.

Sus palafitos, monumento nacional, son casas qe en su lado terrestre parecen casas normales, pero que en su lado marítimo, son pequeños muelles a los que los dueños amarran (en muchos casos amarraban) sus botes. El problema es cuando baja la marea y sale a flote toda la suciedad que bota la gente que ahí vive. (y muchos más).

Y sobre la gastronomía... qué decir. Uno de los primeros productores de salmón del mundo, hace que por todos los lados se hable de salmón y las salmoneras que dan trabajo a mucha gente. Ya forma parte del paisaje, el mirar al mar y ver en él unas boyas flotando que marcan los criaderos de salmón. Es por esto que el el salmón vale 1 euro/kg... en fin. Podría añadir todo el impacto ambiental que tiene esta sobre-explotación del salmón en el medio acuático... pero bueh. Pero no solo comí salmón. Comí congrio, merluza, mariscal, empanadas de loco (que no se qué es exactamente, pero riquísimo!!!), ostras frescas con limón (comidas a orillas del mar, a solo 200 $ch cada uno, o sea, 1 $arg, o sea... 0,25euros.... os imaginais que me comí unas cuantas, no??? Sin embargo, el lato típico de la región chilota, es el curanto.

¿Qué es el curanto? Pues en sí, es toda una ceremonia, y tuve la suerte de encontrarme al llegar a Tenaún, al Club Deportivo del pueblo preparando un curanto al hoyo, como debe se!!!! El preparativo comienza colcoano maderas en un pequeño hoyo, y encima piedras. Se le da fuego, y en un par de horas se consumen las maderas, y las piedras así se quedan calientes, para luego cocer sobre ellas el marisco. Así, se empieza a colocar (bueno, más bien tirar) sobre las piedras sacos y sacos y sacos (sí, en plural) de cholgas y choritos (como mejillones), luego se echan piures, picorocos... En verdad, yo flipaba con todo el marisco que tiraban ahí, increible. Luego, lo tapaban con hojas de esa planta comestible, la nalca, a las que se les llama panguis. Así, consiguen que se cuecan, aprovechando que el marisco está fresco y desprende agua. Pero ésto no acabó, sobre los panguis siguen poniendo muslos de pollos, milcaos y chapaleles (que son básicamente patatas, el otro gran producto básico de la gastronomía chilota, todo con papas!!), y aluna cosilla más, y luego lo tapaban todo con más panguis, intentando que se escapara el menor calor posible.

Ahi lo dejaron una hora... y a comer. Increíble, aunque quizás me gustó más el marisco fresco que cocido. En mi vida había comido tanto pescado y tan rico, y aun insistían en darme más. "Tenei que comer más" me decían... y yo que no podía ni ponerme en pie. Y para pasar el marisco, recomendaban vino blanco, obvio. Ni os imaginais la alegría que se llevaron cuando vieron que saqué la bota de vino... y así estuvimos disfrutando del sol del sábado, del curanto, del vino, y de la música típica del lugar, que en un estilo es como "Los Tigres del Norte", el cual también forma parte del folclore de la XI. Región del Aysén. Fué un día perfecto.

Si esa es la gastronomía, los sonidos típicos de la región, los que oigo a diario... son dos. Uno es el de los tejados de chapa, que agrandan la magnitud de la lluvia (la cual es bastante frecuente), y que en ocasiones dificultan el sueño, o simplemente el silencio. Y por otro lado están los gallos. Es increíble, todo el santo día se pasan cantando. Entiendo que den el amanecer a las 5.30 a.m., por mucho que me moleste, pero que canten todo el día... o como el domingo a la mañana, uno a las 3.30 de la mañana!!! en fin.

La gente cuando me lleva en su auto, me habla sobre todo de dos temas básicamente. Por un lado el terremoto del 22-V-1960, de escala 8,6, uno de los más grandes de la historia que además 14 horas después provocó un tsunami. Éste llegó hasta Japón. Muchas pérdidas humanas y materiales, que hacen que mucha gente que lo vivió, suspiren con la vista perdida al recordar aquel momento, en el que todos recuerdan donde estaban exactamente. Te cuentan, que quizás el que las casas fueran de madera, evitó que cayeran más edificios. El otro tema principal, es la mitología. Dicen que las familias pasaban horas y horas alrededor del fuego, guarecidos de la lluvia contando historias. Esto, unido a la gran fuente de personajes mitológicos que siempre ha sido el mar, provocó la aparición de una serie de personajes con los que se buscaba dar explicación a todo lo que ocurría. Así, por ejemplo, esta TRauco, un enano fuerte, pícaro, feo que dicen seducía a las mujeres con su irresistible repugnancia. Osea, que si el padre era "desconocido", había sido Trauco. Otros personajes son la Pincoya, una bella diosa de la plenitud a la que invocaban los pescadores en las tormentas; Caleuche, ...

Por Chiloé, a penas tuve que esperar al hacer dedo, debido a que hay bastante tránsito, y a que la gente fue fenomenal conmigo. Como curioso, en Catro estuve con un chico (Andres Oyarzun), descendiente de vascos, que estaba aprendiendo euskera con un programa que había encontrado en internet, qué mérito, sobre todo cuando hay gente que teniéndolo más accesible no lo aprende. Y su computadora, tenía más música de Benito Lertxundi, Kepa Junkera, Oskorri, ... que la que uno pensaba que habían editado. En otro pueblito, conocí con Glenda una profesora de Achao, que me acogió en su casa y que me dió la oportunidad de ir a la escuela rural de Palqui, donde estuve con los niños hablando, comiendo, y respondiendo a todas sus preguntas. Fue una linda experiencia, aunque no suficiente como para que me vuelva profesor de Educación Física nuevamente!!!! jaja. De ahí me fui con los bolsillos llenos de regalos que me hacían los niños, fue muy bonito, y cuando tenga las fotos, las pondré. De momento, todavía me suena en los oidos como me llamaban los niños: "tioooooo, tiooooo"! que es la forma en la que se le llama acá a los profesores (tio o tia); nada que ver con posible familia,eh?

sábado, noviembre 18, 2006

La Carretera Austral

Villa O'Higgins fue fundada hace 40 años, y hoy apenas pasa los 400 habitantes. Decir que la electricidad llegó hace poquito, y que la carretera la unió con el norte hace unos 3-4 años. Y lo de carretera... es un piropo. Esta es la razón que me dió el gallego para venirse acá; se había cansado de Europa y EEUU, y tras mochilear decidió irse a lo más perdido que encontrara... y acabó acá; en un pueblo en donde es más normal ver caballos por las calles que coches, donde el único ruido son los gallos que están todo el día gritando (no era solo a las mañanas que hacían ruido???), ... Y los alrededores... llenos de naturaleza. Asi es que en un pueblo tan pequeño, la presencia de mochileros llame la atención, y sobre todo en esta fecha. Estuve todo el día intentando salir del pueblo, pero ningún coche recorrió la única carretera que tras 100 kms de ripio llega a una balsa para seguir otros tantos kilómetros hasta el primer pueblo. Todo el día ahí esperando... provocó que me pusiera a charlar con un joven que vivía a la salida. Él y su hermano vivían ahí, y tenían un restaurante. Me invitaron a calentarme... y a quedarme ahí a la noche. Les ayudé en la cocina a la noche para servir una única mesa que hubo, y a cambio me invitaron a cenar como un rey. Después charla y a dormir; al dia siguiente viajaría hacia el norte. Con ellos me di cuenta de donde me metía... "El mundo de las botas de vino". He visto en venta en muchos lugares (al doble o triple de precio que en Pamplona), y todo el mundo tiene alguna en casa, y los que no tienen, quieren que se la regale... La verdad más botas de vino en la patagonia chilena que en Navarra!!!

Conseguí salir de O'Higgins, por la conocida como carretera Austral, una ruta que con poquísimo tráfico en estas fechas, es un reto. Sigue en construcción en muchos de sus tramos, y es verdaderamente espectacular, por ella misma, y por sus paisajes. A través de grandes valles en U producto del modelado glaciar, se recorre una ruta que aun lado tienecerros enormes, al otro lado, grandes rios. Un fallo en la conducción terrible, y en cada curva.... uno no sabe que va a encontrar: un coche, un camión, ... un lago, un ventisquero, un río, ... un derrumbe de piedras, un árbol caído, una vaca con su becerro... En fin, 2 horas y media para recorrer los 100 kms hasta la barcaza que cruza el fiordo Mitchell o río bravo. Desembarque y una hora más para quedarme con 3 belgas en el cruce que se desvía a Caleta Tortel.

Imagenes de Caleta Tortel. La primera, son los Bomberos. Uno ve Caleta Tortel y piensa que es el típico pueblo de pescadores, ya que está construido en la alargada costa de la desembocadura del rió Baker. Su peculiaridad es que no tiene calles ni asfalto ni ná; todo es madera de ciprés. Las casas de madera, y las calles (que es lo peculiar), son pasarelas de madera. Le dan un toque peculiar al pueblo, construido sobre la ladera de la costa y en el que es imposible acampar. Es lindo... pero cansador, ya que continuamente escaleras arriba, escaleras abajo... y además, la lluvia. Me dijeron: "En tortel llueve 400 días al año". Estuve uno, y llovió. Y la gente, a pesar de vivir a la orilla del río, se dedica casi principalmente a la madera y a la ganadería de animales que tienen en otros terrenos más propicios a los cuales se desplazan en lancha. Y sobre la madera, vi una imagen que me recordó a mi tierra; al ver como llevaban la madera por el agua unidos entre ellos y guiandolos por el agua, al modo de las almadías de mi tierra. (botas de vino, almadías, lluvia, ... no estaré en El valle del Roncal???).

Seguí hacia el norte, y así fue como tras pasar por el pueblo más grande de la zona, Cochrane, seguí a Puerto Bertrand, desde donde pude disfrutar a lo lejos de los eternos hielos del Campo de Hielo Norte, y el cerro San Valentin. Un lindo paisaje, en un pequeño pueblo, tranquilo, con pequeñas casas, y gente acogedora. Ni llegar al pueblo caminando los 200 metros desde el cruce, un hombre ya me estaba invitando a merendar a su casa. El médico del pueblo, que vivía solo, y feliz de ayudar a todo mochilero que pasa por el lugar. No fue solo merienda. Fue cena, alojamiento, y un sinfín de historias.

Al día siguiente, haciendo dedo, a la salida de Puerto Bertrand, me paró una Autocaravana de unos franceses. Los padres y dos hijos de unos 14 años, que tras muchos años ahorrando, estaban viajando desde Ushuaia hasta EEUU en un año (o ese es su plan). El hijo había estudiado algo de castellano, y el padre había aprendido algo en el mes que llevaban viajando, así que finalmente hubo que recurrir al inglés. Y ahí empezó mi odisea en la carretera austral. Para los que no lo sepan, diré que mis conocimientos de idioma se limitan a Castellano y Euskera (Vasco); y algo de inglés que aprendí en la escuela, o sea, el mínimo. Pero la verdad que me sorprendí, y aunque muchas palabras me salían en vasco en vez de en inglés... hubo una buena comunicación, y me dejaron en mi destino, Puerto Río Tranquilo.

Lo más atractivo de este lugar, aparte de la cercana e inaccesible económicamente Laguna de San Rafael y los campos de hielo eternos, es la Capilla de Marmol. Ésta es una curiosa formación geológica provocada por el agua del lago General Carrera, que ha modelado parte de la costa creando unas formas curiosas; así que me subí a la lancha de un lugareño y la ví. Como el pueblo no daba para mucho más, y todavía era pronto (aparte de que la temperatura era ideal), decidí continuar hacia la capital de la región, Coyhaique. Y tuve suerte ya que un auto me llevó directo.
Por el camino, pasamos cerca del volcán Hudson. Éste entró en erupción en el 1991, y la cantidad de ceniza expulsada llegó a muchos kilómetros a la redoda, incluido Argentina, provocando la muerte de muchos animales por el hambre, ya que cubrió totalmente el pasto. Y para comprobar como lo cubrió, se veían la parte de arriba de los antiguos alambrados de 1,5 metros... así que la cantidad de ceniza acumulada, rondaría esa cifra.

Coyhaique, rodeado de montañas. Y llegué a Coyhaique, la capital de la región del Aysén. Ésta región debe el nombre a la antigua capital de la región, Pto. Aysén, el cual debe su nombre a la pronunciación del inglés ICE END (= fin del hielo). Cosas de la vida!! El lugar en sí, no tiene mucho aparte de muchos estudiantes y una agitada vida nocturna. Así que tras pasar un día entero tirado al sol en la plaza de armas, que como dato curioso no es cuadriculada sino pentagonal (lo cual rompe él típico plano de las ciudades sudamericanas), decidí seguir el domingo hacia el norte. Esta ciudad es el contacto con la civilización. Ya que es un pueblo "normal", en comparación con los pueblos pasados, en los que existen teléfonos públicos y la gente no tiene teléfono en casa por ejemplo, sino en algunos negocios en los que no es raro ver a la dueña corriendo calle arriba para avisar a algún vecino que le llaman.

Amaneció lloviendo, y es que tras tantos días de calor, creo que era normal, y más en la patagonia. Y poco a poco llegué a Pto. Mañihuales, donde tras estar varias horas haciendo dedo, un lugareño me invitó a comer a su casa, ya que decía que donde caben el matrimonio y los 4 hijos, siempre hay lugar para uno más. Otro que me quería quitar la bota!!!! Tras comer, ponemos la televisión (no puede faltar la TV digital!!), y justo empezaba el Osasuna-Real Madrid. En el descanso, con el 0-3, decidí que era suficiente, y volví a la ruta, bajo la lluvia a intentar continuar hacia Pto. Cisnes. En esta ruta es complicado el viajar a dedo, ya que todos piensan que uno es israelita. Éstos viajan mucho por esta zona, y parece ser que no dejan muy buena impresión entre la gente, así que no son bienrecibidos en ningún lugar. Y al parecer, yo parezco uno de ellos, aunque creo que será más bien debido a la relación mochilero=israelita que la gente del lugar hace. Pero bueno, no me quejo porque siempre me trataron bien (los israelitas no!!, la gente de la zona!!!)

Y llegué anocheciendo. Este tranquilo pueblito, vive de la cria y la venta del salmón. Y yo, tras un día tan duro viajando, decidí darme una pequeña gran exquisitez y degustar el menú típico del pueblo. Sí, me gasté el presupuesto de más de 3 días, pero los Puyes (angulas, sí con los ojitos!!!!) al pil-pil, y el salmón a la mantequilla que me comí... me reconfortaron de la lluvia que seguía cayendo.

Nalca, planta que sorpende por su tamaño, y además es comestible... jeje. El problema de la lluvia en estas zonas, no es muy grande, ya que cae suave y jamás se inunda; pero eso sí, no para día y noche. Y el hecho de que todos los tejados sean de chapa, provoca que el ruido se vuelva ensordecedor por momentos, sobretodo a la hora de dormir. La vegetación, como podeis imaginar, exuberante. Y eso lo comprobé en mi siguiente parada.

En el parque Quelat, me detuve a ver un Ventisquero colgante, y como ya era tarde, miré desde el mirador y dejé la caminata para el día siguiente, deseando que parara de llover. Pasé la noche, durmiendo en el acogedor suelo de madera del Centro de Visitantes, entre fotos y textos sobre el parque. Amaneció lloviendo, pero menos; y en un lance de valentía, decidí mandarme a recorrer los 3,5 kms que hay hasta el mirador. Era el cumpleaños de mi gran amigo Javi, así que no hubo mejor regalo que pasar el dia como lo hacíamos en nuestra época de estudiantes, viendo llover y nevar!! Y así lo hice, subiendo, y bajando, empapado, con barro por todos los lados... y quedaba lo peor: esperar en la ruta que alguien me llevara. Me cobijé bajo un árbol que no cobijaba mucho, y en un momento que paró de llover, paseando por el abandonado camino en el que no pasó un auto en 3 horas, ví una pequeña casetita de madera. Ahí fui con mi mochila, a esperar otras 4 horas. Pasaban pocos autos, normalmente llenos de gente o demasiado rápido como para parar a un mochilero empapado. Aunque ya estaba a cubierto, notaba como había más agua en mis calzoncillos que en los charcos de la ruta. Como algo insignificante, recordé que el pañuelico de San Fermín que llevaba en la mochila lo había perdido hace varios días (cuando empezó a llover, como si fuera una premonición); así que le puse uno nuevo como quien pone una vela a un santo. Casi al instante, vi que venían 3 autos 4x4 en plan caravana, lentos... pero todos llenos. Todos?? no!!!! el último viajaba solo, un jubilado francés, que accedió a llevarme. Nuevamente, el idioma elegido... inglés!!! Era un gran tipo, que había viajado por muchísimos lugares, y que tenía pensado llegar a Alaska... en unos cuantos años. Había estado por africa, por oriente, ... pero como su mujer se cansa de viajar, paran unos meses y luego siguen. No me cansé de decirle Merci beaucoup, ya que yo pensaba que pasaría la noche entre el agua del lugar.

Pararon en Puyunhuapi, un pequeño pueblito en la ruta, y aunque mi destino era Futaleufú, paré ahí para secarme, bañarme... y recuperar fuerzas. Aproveché para confirmar mi temor, ya que yo quería ir a Futaleufú a hacer Rafting (puesto que es uno de los mejores ríos del mundo para ésto); pero me dijeron que ahora no se puede por el deshielo. De todas formas , cuando me dijeron cuanto cobran... decidí no desviarme.

En Santa Lucía, típica parada de bus que me salvó de la constante lluvia varios días. Al día siguiente, continué practicando mi idioma inglés, y me dejó en Santa Lucía, ya que puesto que no iba a ir a hacer Rafting, quería llegar ese mismo día a Chaitén, donde al día siguiente había un ferry para cruzar a mi siguiente destino, la isla de Chiloé.

Llegué a Chaitén, y para mi desgracia, siendo miércoles a la noche, él ferry solo sale miércoles y sábados a la mañana; así que tendría que estar 2 días enteros boludeando por este pequeño pueblo de 3000 personas. Por suerte, encontré alojamiento económico, y bajo techo. Aunque ya hoy viernes, salió el sol. Vi los grandes volcanes cercanos, pero obviamente, no tenía mucha ganas de caminar...

Y que hice durante mis dos días en Chaitén? Uno, relajarme, leer, escribir, ver el mar, ver la lluvia, comer.... y el otro?? Irme a unas cercanas termas a pasar el día entero. Y sí, uno se tiene que cuidar del estrés de viajar por la carretera austral.

Así es como conseguí mi objetivo de recorrer la carretera austral, con algunos cambios conforme al plan inicial, pero conociendo una gente increible que me acogió en su casa y en sus autos, practicando idiomas, ... Pero no fue fácil, ya que parece que lo de buscarme parecidos es algo ya normal. En verano en mi tierra, fuí Gasol, en los lugares de Argentina en que tuve que enseñar el pasaporte (con foto de hace 5 años), les dió en varias ocasiones con decir que parecía a Manu Ginobili , jugador argentino de la NBA), y ahora tengo pintas de israelita... en fin.

Por otro lado, nos vamos acostumbrando poco a poco a la forma de hablar de los chilenos. No solo cambian del inglés para decir Aysen; sino que muchas frases acaban con el "cachai", que suna "traducción" del verbo inglés "to catch" (vendría a significar: "lo pillas?", "entiendes?"). Además, muchas frases las acaban en "po", sobre todo las que tienen monosílabo. Nunca responden si, a una pregunta, siempre "si po".

Y como deía un cartel en Puyuhuapi: "Si le tocó un día soleado, disfrútelo; y si le tocó un día lluvioso, usted está conociendo la verdadera Patagonia Chilena".

Una vez más, al que leyó hasta acá mi agradecimiento, pero acá va un resumen de todo lo acontecido en dos semanas viajando por algo más que una carretera, la Carretera Austral; y por suerte, continúo con mi bota de vino, a pesar de la gran cantidad de proposiciones para "cederla".

lunes, noviembre 06, 2006

En la patagonia o llueve o hace viento o nieva!!!

Al llegar a Chile, lo hice con temor a ver que iba a encontrar tras la grata experiencia argentina; y he de decir, tras este tiempo que mis miedos eran infundados. Primero, el camionero que me llevó a Punta Arenas. Èl hablaba un chileno inentendible para mi, unido al fuerte ruido del camiòn y a la mùsica, complicaba la comunicaciòn; pero no fue handicap para que me invitara a un cafè por el camino, para que se detuviera en aquellos lugares que a èl le parecìan me podìan interesar, e incluso al llegar me dejara dinero para llamar por telèfono a mis contactos en Punta Arenas. ¿Suerte?, ¿casualidad?. Para viajar de Punta Arenas a Puerto Natales, la persona que me llevò en su auto, insistiò en invitarme a comer, a cambio de que algùn dìa le llevara a correr delante del toro (¿?). Y al llegar a Puerto Natales, montè la carpa en el jardìn de la casa de una amiga de mis anfitriones en Punta Arenas. Y ahì la montè, en el jardìn de casa de Marcela y su hija Amaia (primera vez que encuentro este nombre en sudamèrica!!!).

Muestra del efecto del viento. La soledad del arbol. Relax bajo las Torres. Llegò el momento de ir al Parque Nacional Torres del Payne, del que tanto se habla a nivel internacional. LLegué, acampé y vi el atardecer sobre las Torres. Al día siguiente, pequeña caminata de 4 horas, para nuevamente ver atardecer (pero más cerquita) mientras tomaba unos mates. Decidí acampar ahí mismo, ya que me habían recomendado ver amanecer desde ese lugar. En ésta época (primavera), amanece hacia las 6 y anochece hacia las 22, así que me tocó madrugar. Y empecé a disfrutar del espectáculo.... hasta que empezaron a aparecer nubes.

Paisajes en Torres del Paine. El glaciar, Grey, cerquita de mi carpa. Esas nubes ya no me abandonarían en mi andadura por el parque, durante los 7 días que estuve, caminando entre 5 y 8 horas cada día, para recorrer unos 100 kms cuesta arrib cuesta abajo, con la mochila cargada a mis espaldas y acordándome de lo que me había advertido Cristian: "En la patagonia, o llueve, o hace viento, o las dos cosas". Y sí, doy fe que así es, pero yo añadiría otra cosa: Que también nieva. Y así fue, caminando por la nieve, entre fuertes ventiscas, con ráfagas de aire que casi me tiraban (y es que con la mochila era un blanco facil!!!), ... muchos pensarán: "Qué sufrimiento!!!". Pues NO, al contrario, estuvo bárbaro!!. El único pero fueron las nubes que me impedían ver algunos paisajes. Pero quién no pagaría ahora por volver a estar mirando durante horas planear a los condores, o dormir a escasos 100 metros del ruidoso glaciar Grey, ... La experiencia, única, como para repetir.

Cosas que pasan en la Ruta 40. Fitz Roy. Y con ampollas en los pies, continué mi viaje hacia el norte de Chile. Me encontraba en la región XII (acá el país se divide en regiones), y quería ir a la XI; con un solo problema no hay carretera, y el ferry que tarda 4 días cobran 300 US$, así que como que no. Por eso decidí realizar una pequeña incursión por Argentina, donde uno se siente como en casa nada más cruzar la frontera y que en Gendarmería te ofrezcan unos mates. Fuí al Chaltén, donde ya estuve anteriormente, para saludar a unos amigos que están ahí haciendo la temporada, y poder cruzar a Chile por el paso de la Laguna del Desierto. Fueron 3 días con buena compañía y con sol, aunque cuando el viento soplaba... soplaba de verdad. Resaltaría como el viernes a las 10 de la mañana, apareció Rodrigo (de Autostop Argentina) en el camping en el que me alojaba (en el que hay más carpas que casas en el pueblo, la mayoría de jovenes que vienen a trabajar en la temporada). Y que hacía Rodrigo? Pues venía con un termo con agua caliente para tomar unos cafés para desayunar.... y además me traía una enorme torta (lo que se conoce en españa como tarta!). Según el sencilla, pero como yo tenía más hambre que un mochilero me supo a gloria. ¡Grande Rodrigo! Y ahí nos fuimos al monte a desayunar tirados al sol. ¿Qué más pedir?

Lago del desierto. Llegó la hora de marchar hacia Laguna del Desierto, que se encuentra a 40 kms de Chaltén. En una noche de cervezas con los amigos por Chaltén, conocí a un pibe que tenía que ir el mismo día que yo a buscar a unos turistas al mismo lugar que quería ir yo, así que se ofreció a acercarme. De lujo, no tenía ni que hacer dedo, el "taxista" pasaría a buscarme. Y así fue como llegué hasta la Laguna del Desierto, donde el paisaje cambia radicalmente, notandose un ambiente mucho más verde, más húmedo en contraste con la sequedad de la patagonia argentina. Me lancé a rodear el lago caminando por una muy linda senda, que me costó 4 horas, para llegar ya anocheciendo hasta el puesto fronterizo de la gendarmería argentina. Ahí, nuevamente la hospitalidad abrumadora. No me dejaron montar la carpa para dormir; y tras alojarme en un refugio con una salamandra para calentarme, me llevaron a cenar con ellos y a ver el partido de fútbol en TV. Porque eso es Argentina, estás en el fin del mundo, donde no hay teléfono, ni electricidad, y el pueblo más cercano está a horas; pero nunca falta la televisión digital, y menos el fútbol!!!

Lago del desierto. Al día siguiente, tras el papeleo, nuevamente a caminar 20 kms, 5 por Argentina y 15 por Chile. La diferencia entre ambos países se observa al llegar al límite geográfico: del lado argentino, una angosta senda para caballos y caminantes; del lado chileno, una amplia senda con huella de 4x4. Costó, y con dolor de rodilla llegué tras 8 horas (me lo tomé con filosofía!) al control de aduanas chileno. Y parece que el partido de fútbol que estaban viendo estaba aburrido o que se yo, pero me hicieron vaciar toda la mochila para ver si llevaba frutas y/o hortalizas frescas. Ni que decir la gracia que me hizo tras 8 horas caminando dedicarme a vaciar y volver a llenar la mochila. Pero bueno, ya habíamos llegado. Acampé al lado del muelle, y al día siguiente una embarcación me llevó tras dar toda la vuelta por el Lago O'Higgins dando alimentos a los pobladores, llegamos al poblado chileno Villa O'Higgins. Recuerdo una canción que decía "hay un gallego en la luna", hablando de que hay gallegos por todos los lados; pues bien, acá dormí en casa de un gallego de Santiago de Compostela, hasta acá llegaron!!! Y yo, navarrico, había conseguido mi objetivo, atravesar los Andes una vez más, esta en su mayor parte caminando.

Una vez en Villa O'Higgins, rumbo al norte, por la ruta austral, toda una aventura; y mientras, a intentar perder el acento argentino para evitar problemas. Y yo sigo pensando, en la patagonia o llueve o hace viento o nieva!!!