-------------------- El Viajero ----------------

Nacido en Pamplona, capital del viejo Reyno de Navarra. Con 25 años, para algunos muy tarde para algunos muy pronto... decidí varias cosas: Me encontraba inmerso en un estilo de vida que no me satisfacía plenamente, ya que daba igual que tuviera 25 años o que tuviera 50, iba a seguir haciendo lo mismo, y con lo mismo para contar cada día. Así, que empaque la mochila ... y partí un día 6 de octubre de 2005 hacia Buenos Aires, donde empecé algo... que no se cuando acabará. Mi objetivo principal es VIVIR, y a la vez, sentirme vivo. Viajar... una forma de vida. No consiste en llegar a un lugar, sino disfrutar de cada segundo del camino, cada lugar, cada persona, cada grano de tierra, cada atardecer como si fuera el último y el más lindo... Y en eso consiste mi viaje, no llegar a ninguna parte... vivir viajando; al fin y al cabo, VIVIR. Y desde aquel momento, me considero la persona más feliz del mundo, con una riqueza inmaterial que nadie me puede quitar y nadie puede comprar, que no depende de nadie. Como una vez leí, las cosas verdaderamente buenas de la vida, no son cosas ni tienen valor. Aprendo, vivo y disfruto; entonces ¿por qué parar de viajar?
jotikass@gmail.com

lunes, mayo 22, 2006

De Ushuaia al Chaltén, pasando por glaciares

Salí de Ushuaia el jueves 18 a la mañana, tras una cena de despedida entre todos, y en medio de una nevada que había reducido el tráfico al mínimo; y ese mínimo... no me llevaba. Finalmente, me levantó un tipo que no paraba de decir que su super camioneta tenía dirección inteligente en el eje trasero para justificar así su elevada velocidad sobre la helada carretera. ¿Realmente algo material puede ser inteligente? Tal y como me contaba, todo el mundo está esperando que nieve todavía más para que se puedan cambiar a los neumáticos a clavos. Y así empecé mi viaje, pasando por algunos lugares como la laguna esmeralda, en cuyos alrededores me quedé con ganas de pasear en moto de nieve o en trineos tirados por huskys. Luego, el Lago Fagnano, del cual no han encontrado el fondo. ¿Será ese el fin del mundo? ¿Y si ese es el fin del mundo... donde está el comienzo? En fin, antaño Fisterra era el fin de la tierra, ... ahora el fin del mundo está a 13.000 kms de Fisterra.

Tras pasar Río Grande, y entender por qué le llaman la Capital del viento, volví a cruzar en balsa el estrecho de Magallanes, pero dándome cuenta de un cartel que antes no me había fijado, resto de alguna guerra sin sentido (como todas).

Llegué a Río Gallegos, ya en "tierra firme", y entre el cansancio, frío y viento, viajé en colectivo. Llegando a Calafate, capital de los Glaciares, en dond un café te puede salir por 7 pesos y una hora de internet por 5. En el pueblo no hay mucho, pero a una hora de ahí, se encuentran una de las maravillas naturales del mundo, los glaciares. En este caro, el afamado Perito Moreno, que no es el más grande, pero sí el más espectacular (eso dicen).

Ahí, uno se vuelve a sentir enano, indefenso ante el poder de la naturaleza. Ese rugido del hielo que intenta avanzar, ese ruido ensordecedor cuando cae algún cascote de hielo al agua. Parecen trocitos pequeños... pero el ruido no lo corrobora. Ahí estuvimos todo el día, mirándolo, observándolo, ... sin hacer nada, más que disfrutar de algo único.

Como en Calafate no había mucho más que hacer, el lunes nos fuimos hacia Chaltén, un pequeño lugar a 200 kms al norte, llamada la Capital del Trecking. Para llegar ahí, entre varias personas que nos llevaron, una fue un capataz de una obra, que por el camino, paró a cazar. Primer tiro a un Guanaco... uyy!!! se fué!! pero el segundo, a un ñandú.. acertó!! ya tenían asado para la noche!! Y ahí seguimos viajando, una amiga y yo en el cajón de la camioneta, junto a un ñandú muerto y todavía caliente, y pasando un frío de mil pares, y es que el frío en la patagonia... no es joda!!!

miércoles, mayo 17, 2006

Por el fin del mundo

Monumento Malvinas. Cuando Magallanes pasó por el estrecho que ahora lleva su nombre, en esta isla en la que me encuentro ahora, vió muchas fogatas encendidas noche y día, por lo que le llamó desde un principio Tierra del Fuego. Hoy, el nombre de esta provincia es un poco más largo: Provincia de Tierra del fuego, Antártida e Islas del Sur. Entre estas islas, incluídas las Islas Malvinas, en donde ondea la bandera inglesa desde la guerra del 82. En esta zona hay mucha sensibilización al respecto, ya que es el lugar de "tierra firme" más cercano a estas islas. Y todo esto te lo recuerdan constantemente carteles alusivos que dicen por ejemplo: Las Islas Malvinas, las Georgias y la Sandwich del sur, son y serán Argentinas". Lo cual chocaba con un graffitti que había al lado en el que ponía: "Las fronteras son la peste de la humanidad". En fin, opiniones para todo el mundo.

Castorera de las que se ven por el camino de Río Grande a Ushuaia. Como dije en mi última entrada, había llegado a Río Grande. Una ciudad tranquila, en la que me limité a pasear y a aclimatarme a éste frío, y sobre todo al viento. La ciudad del viento le llaman, y no me extraña. También es conocida como la Capital de la Trucha, debido a la abundancia y cualidad de este animal que se pesca en la zona.

Llegué a Ushuaia, por fin, donde un cartel pone: "Bienvenido al fin del mundo, al comienzo del todo". También hay otro más popular que te da la "Bienvenida al orto del mundo". Y es en esta ciudad tranquila, a orillas de una bahía, donde finaliza la ruta 3 que une en 3000 y pico kilómetros a Buenos Aires. Las distancias son algo brutales. Tal y como me comentaba un lugareño, estamos más cerca de la Antártida que de Bs As; e igualmente, más cerca del Polo sur que del punto más alejado de Argentina (que es la Quiaca y está a más de 5.000 kms!!! ¿Cuántos hay de Madrid a Moscú?).

Un pueblo con muchas cuestas, y en la que el primer día me dediqué a visitar museos, sobre todo interesado por la historia de los pobladores originarios (ya extinguidos casi en su totalidad por culpa de las enfermedades traídas por el hombre blanco entre otras cosas). Los Yamaná y los Selkman (u Onas) son los más conocidos. Los primeros vivían en la zona de Ushuaia y se dedicaban a la pesca, y vivían DESNUDOS!!!! sí, con el frío que hacía, y vivían desnudos!! La razón es que se echaban grasa de ballena, y con eso se abrigaban, unido a la porquería que se les iba quedando pegada. Luego ponían más grasa encima... creando una costra de varios milímetros de espesor. Pero tenía lógica, ya que al usar ropa, ésta se humedecía con la lluvia y no se secaba debido al clima, por lo que acababan muriendo enfermos. Los Selkman en cambio, vivían más al norte de la isla, en un entorno má seco que les permitía abrigarse con piel de lobos marinos y guanacos; y su forma de vida se basaba en la caza de animales. Lo que ambos coincidían era que eran pacíficos entre ellos (hasta la llegada del hombre blanco), que eran nómadas y que ambos andaban siempre con fuego encendido, día y noche. Inclusive cuando iban en la canoa (echa con corteza de árbol) a pescar, iban con el fuego. Qué mérito!!!

También visité el museo del presidio, que está en el interior de un viejo presidio, en el que se trajeron presos hace un siglo, para contribuir así a la colonización del lugar. Los propios presos fueron los que construyeron esa cárcel, entre otras muchas construcciones del lugar. Mención especial merece el "Petiso orejudo". Y bueno, el domingo para pasar el cansancio del sábado noche, me dediqué a subir al glaciar martial. Sin más.

Ese fin de semana, llegaron nuevos gallegos al hostel, lo que unido al sevillano que trabajaba ahí... ya eramos cinco: el sevillano, uno de tenerife medio loco (o entero?), su novia (risa loca y que no paraba de golpearme), un riojano (que animó a osasuna), y el mendas. Muy buena gente, aunque el sevillano... en fin!! jaja

Obviamente, fui a disfrutar con el partido de Osasuna; y de paso, celebrarlo. No se si hubo alguien que siguiera el partido desde tan lejos!! Y menos aun que tuviera que discutir con unos argentinos que querían ver un partido de tercera división argentina!!

También, dimos un paseo por el canal Beagle en lancha, viendo el faro del fin del mundo (aunque no es realmente el del fin del mundo), cormoranes y lobos marinos. Y como no podía ser menos, también fuimos al Parque Tierra de Fuego, al final de la ruta 3, donde hay un cartel que lo señala y nos sacamos la típica foto. Tal y como se dice por acá, habrá sido la foto más austral que me he sacado en la vida; porque acá todo es lo más austral (o por lo menos así te lo venden...).

Todo con muy buen tiempo; pero justo el día que me iba a ir... nevó!!!

Relindooooooooooooooooooooooo, no me quería ir de ahí!!!! Así que me quedé un día más, disfrutando de ese entorno blanco que tan buenos recuerdicos me traía.

Y así fué como acabé mi paso por Ushuaia, sin hacer algo que me hubiera gustado: pegar una paliza a sonia!!!!! y pasear en trineos tirados por huskys... y hacer esquí de fondo por sus bosques. Pero volveré. La verdad fueron días en los que conocí muchas historias, y leyendas del lugar: el crucero Monte cristo, el petiso orejudo, los capitanes y el cabo de hornos, ... Próximo destino: El Calafate.

jueves, mayo 11, 2006

Desde Bolsón al fin del mundo

Tras poner por fin las fotos de El Bolsón, me vienen a la memoria cosas del lugar, y hay varias que no comenté. Por ejemplo, el pueblo se autodenomina ecológico, pero no solo de boquilla, y por eso en los supermercados no te dan bolsas. Es un incordio, pero es una medida efectiva (entre otras que toman). Y quizás una que me llamó la atención, fue algo visto en el Refugio del Hielo Azul, a 1350 metros sobre el nivel del mar. Cuesta muchísimo llegar, pero arriba, cómo no estando en Argentina, hay una cancha de fútbol. Sí, increíble, pero cierto!!!

El domingo me despedí de Maguita. Ella haci a un lado (Bariloche), y yo hacia el sur. Y como en estos días no he echo otra cosa, retrataré como viajé durante estos 2000 kms.

Me situé el domingo a la mañana (11 am) a la salida del Bolsón, y en 25' me levantó un aldeando que iba al siguiente lugar, Hoyo de Epuyén, a tan solo 9 kms. La cosa era empezar el viaje!! Y al llegar.. malas noticias, ya que había 4 personas haciendo dedo en el lugar.

Estuve unas 2 horas bajo el sol, hasta que un profesor de Literaturame levantó hasta els iguiten pueblo: Epuyén, a tan solo 28 kms. Un viaje corto pero fructífero y discutiendo sobre la labor de los profesores: ¿educadores o informadores?

Ahí, y tras 1 hora de espera, a las 15.30 me paró un camión chileno. Era la primera vez que un camionero del vecino país me levantaba. Su destino... Punto Arenas, al lado de Ushuaia. Yujuuu!!!! La pega, que se tenía que desviar a por una carga en río Mayo. Por suerte el tipo era entretenido, y estuvimos charlando de la vida en chil, y del mal m omento que pasaba él en su laburo. Luego, el tema fué el fútbol, ya que por la radio oimos que Boca había ganado el torneo de clausura. En uno de los dos pueblos que atravesamos en las 6 horas de viaje, la gente tocaba bocinas. No quiero ni imaginar que habrá sido Buenos Aires, aunque sabiendo que en Argentina la mitad más uno son de Boca... Así viajé con él durante 6 horas, por rutas casi vacías, para recorrer un total de 468 kms en un camión chileno; llegando a las 21.30 al cruce de ruta con Río Mayo. Como el se desviaba unos 300 kms por ripio, decidí quedarme ahí acampando cerca del cruce. Sí, papá, se lo que vas a decir, pero el pueblo más cercano estaba a 70 kms... ¿Dónde iba a dormir? Así que monté la carpa lejos de la ruta, y entre matorrales, resguardado del viento.

El paisaje, era espectacular, favorecido por la luna casi llena. No hacía falta mirar hacia arriba para ver las estrellas, ya que mirando al horizonte sin salir de la carpa se veían las estrellas, debido a la horizontalidad del terreno. Y ni hablar del lindo amanecer que vi todavía metido en la bolsa de dormir...

A las 9 me puse en la ruta, donde el sol todavía no transmití el calor suficiente, y a las 9.30, un auto de policía me llevó hasta el siguiente pueblo, Sarmiento. Desayuné, entré en calor, y nuevamente a la ruta, donde en 1 hora me levantó un camión anejado por un tipo de unos 60 años. Él me explicaba su teoría de que el petroleo jamás se iba a acabar, y que si se acababa, el mundo dejaría de girar. Al principio, intenté rebatirle, pero estaba muy convencido, así que me limité a escucharle. Además, aunque no sea cierto lo que me decía, sería una buena metáfora. El tema del petróleo, surgió debido a la infinidad de pozos petrolíferos que veíamos a ambos lados de la ruta, y es que la patagonia está "ocupada" por empresas norteamericanas (además de repsol) buscando petróleo, el cual abunda en estos lares. Es tal el interés de vender todo en la argentina, que hasta el aire de la patagonia está vendido a una empresa yankee, siendo ilegal poner un molino de viento en una casa para utilizar este bien, que tiene dueño... impensable, no??

Lo del petróleo, comenzó con un intento de buscar agua en la seca región, pero cosas de la vida, no salió agua, sino el oro negro. Tanto el chofer como yo nos preguntábamos cuando optaría Argentina por la misma táctica de Evo Morales en Bolivia, nacionalizando todos los bienes que hay en el subsuelo, y expulsando así a las multinacionales chupasangres...

Me dejó en su destino, una entrada a unos pozos, en una gran recta. Mal sitio para hacer dedo, pero en apenas 10' me paró un destartalado camión, que ni frenaba. De echo, paró a 200 metros de donde yo estaba. Conductor jóven, consiguió hacerme hueco en el caos que era su vieja cabina. Un viaje curioso, ya que el viejísimo camión, frenaba poco, pero cada vez que frenaba, lo hacía por suma necesidad. ¿La razón? Que los frenos se bloqueaban y no se desbloqueaban, debiendo parar el camión y desbloquearlos a bases de martillazos. Creo que no pasamos de 40 km/h en ningún momento, pero bueno, llegamos a la ruta 3.

"Gorosito",homenaje al petroleo y sus trabajadores en Caleta Olivia. Y ahí me bajé, en el cruce con la ruta 3 a la altura de Comodoro Rivadavia. La ruta 3 une Buenos Aires con Ushuaia en sus más de 3000 kms de longitud. Ahí, en 10' me levantó una furgoneta. Un tipo raro, que tal y como me dijo, jamás había levantado a nadie, pero que como le apetecía tomar mate, había parado. ok! ¿Hasta donde me llevó? Hasta un lugar llamado Caleta Olivia a unos 80 kms de Comodoro. Y cuando me dijo ese nombre, un escalofrío me entró al cuerpo, ya que eran varios los mochileros que me habían recomendado no parar en ese pueblo. No por peligro ni por nada, si no porque al parecer era difícil salir de ese lugar a dedo.

No fue para tanto, y en 15' me paró Ricardo, un camionero recopadísimo, con muy buena onda, y con el que en el corto trayecto hasta Fitz Roy (72 kms), surgió una buenísima amistad, conversando de temas no muy usuales pero muy importantes. Me contó su vida, como había tocando fondo, y como se iba recuperando; todo ello amenizado por la música de "Kallejeros", de los cuales cada canción le traía a la memoria una historia de su vida. Además, también puso música Country, de la cual era un fanático; y ahí, encima del camión con esa música y ese paisaje... nos miramos y dijimos a la vez: solo faltan los caballos!! Y sí, ese paisaje de cowboys... Llegamos a Fitz Roy a las 6 de la tarde, y estuvimos charlando 20 minutos en el camión, hasta que por fin me bajé, y pude observar un atardecer relindo... toda la ruta recta, y al final el cielo morado rosáceo.... Dormí en el camping de Fitz Roy, tras una recuperante ducha calentita.

Amaneció el martes lloviendo, dudé entre quedarme el día en la carpa, o seguir. Decidí arriesgarme a pasar el día bajo el agua. Recogí todo, y salí a la ruta. A los 5' paró una camioneta nuevísim, con un conductor joven, Adrián, que me ofreció llevarme al siguiente pueblo. Perfecto. El siguiente pueblo, Luis Piedra Buena, estaba a 390 kms, y era el siguiente!!!! Adrián trabajaba para una petrolera, cobrando al mes unos 5000 pesos (sí, unos 1500 euros!! es lo que tiene el petróleo!!!). Por el camino entre pueblo y pueblo... NADA. Bueno, sí, una laguna que está a 150 metros bajo el nivel del mar, algunas minas de oro, pozos petrolíferos y algunos guanacos y avestruces. Y así fuimos, a 140 kms/h por una aburrida rua, pero sin parar de charlar.

Llegamos "al siguiente pueblo", y me invitó a comer. Bueno, mejor dicho, la empresa yankee, que es la que pagó. Nos despedimos, y me quedé esperando que algún camión aparcado se moviera o que alguien pasara por la ruta. Y tras 20' sin movimiento en la zona, salió un camión que iba hacia Ushuaia, y que aceptó llevarme. Iba a Ushuaia, pero yo me quedé en Río Gallegos a dormir, tras viajar con él unas 2-3 horas, y hacer 238 kms.

Al día siguiente, me levanté temprano, y para las 10.30 estaba en la ruta, con tan buena suerte que me volví a encontrar con Nestor, el camionero que me había llevado el día anterior. Se le había retrasado un papeleo. Fuimos nuevamente charlando, tomando mate, entretenidísimos... otros 344 kms hasta Río Grande; pasando por Chile y cruzando el estrecho de Magallanes en un Ferry. Para Néstor, era un viaje más; para mí una sensación especial, ahí en lo alto de la balsa con el gélido viento. Me dirigía al fin del mundo; y me acordaba de la película "Diarios de Motocicleta", cuando el joven Ernesto hablaba de lo lindo que sería una América Latina unida; desde el estrecho de Magallanes hasta el Río Bravo en México.

Llegamos a Río Grande, tras pasar por San Sebastián (que nostalgia... DONOSTI!!), y me alojé en un refugio que ya estaba cerrado pero que el dueño, Carlos, aceptó en alojarme. Estaba solito, y decidí quedarme un par de noches visitando la primera ciudad argentina que conozco en la que los autos ceden el paso a los peatones... INSÓLITO!!!

Y así fué, como tras unas 80 horas cerca de la ruta (comiendo, durmiendo, y viajando), y tras 1850 kms llegué a la Tierra del Fuego, a Río Grande.

sábado, mayo 06, 2006

Cerca de Bolsón, el río Azul

Volví al Bolsón, aprovechando la buena climatología. Era viernes, y a pesar de mi intención de salir, lo acabé pasando cenando en el hospedaje y compartiendo botella de vino mientras veía una película.

Así aproveché para recorrer la zona conocida como Mallín Ahogado; con un par de cascadas y un jardín botánico. Muchísimos hongos en el bosque húmedo, que me hacían sentirme como en el norte de mi provincia (solo faltaban guiputxis!!!). De allí, para volver al Bolsón había 2 caminos: el directo y el que pasaba por la Cabeza del Indio. Elegí el segundo, a pesar de ser más largo, pero ya puestos a caminar...

La senda que iba hasta ahí se llamaba "Senda de los Duendes"; y obvio que uno no cree, pero capaz que el saber el ombre de la senda te crea una predisposición. Esa sensación se sentirse observado continuamente, de oir ruidos (seguramente provocados por animales, pero bueh!), ... y lo más extraño fué cuando encontré unos palitos pequeñísimos, y muy finos, atados con un hilo fino a un costado del sendero. Esos palito, yo no los veía de utilidad para un ser humano, pero para un duende... En fin, como las bruxas: habeilas haylas, lo dificil es encontrailas.

Llegué a Cabeza del Indio, un mirador natural desde el que se observaba el valle del azul: su colorida vegetación con predominación de colores otoñales, sus escasas casas, un camino de ripio y el discurrir del río azul. Y ahí, sentado, bajo el sol, las horas pasaron hasta que decidí volver a casa.

Mi intención era subir al monte el día siguiente, a unos refugios. Pero entre el partido televisado de Osasuna (grrr!) que se jugaba el domingo, y una serie de infortunios... se fué retrasando. Pasé los días con mi compañero de habitación, un brasilero llamado Adriano, quien con paseos en su moto intentaba levantarme el ánimo. También recogimos hongos... mmm!, y unido a que Adriano era cheff, pues el ánimo se me subió más rápidamente!!

Y así llegó el miércoles, cuando junto con una amiga de Buenos Aires, Maguita, comencé mi andadura por las montañas. Nuestro objetivo el primer día era llegar al refugio del Hielo Azul, situado bajo un glaciar del mismo nombre y a una altura de 1350 metros sobre el nivel del mar. No es mucho, pero si se tiene en cuenta que Bolsón está a 150 msnm... pues el desnivel ya es interesante. Y es curiosa la altura sobre el mar de Bolsón, ya que a pesar de estar a 1000 kms de la costa, su altura es ínfima! Fue una linda caminata, entre bosques, con arroyos, con varias pasarelas (alguna más peligrosa que otra, que hacían recordar películas de Indiana Jones) y alguna subidita más pronunciada. Y entre cuando y cuando, balcones naturales que nos daban la oportunidad de disfrutar de unas vistas increíbles. Pero casi al llegar... el impacto. Salimos de una zona arbolada, para pasar a un claro, en el que todo estaba blanco!! No era nieve precisamente, era escarcha, pero la sensación fue de desaparecer todo el cansancio acumulado y dar saltos de alegría (además de la oportuna foto con todo blanco alrededor!). Y así, con las mochilas que ya no pesaban, seguimos unos minutos más hasta el refugio, que era relindo. Todo echo de madera por los dueños: las mecedoras, el triciclo de la niña, ... con un arroyito que pasaba cerca y que suponía la fuente de agua. Montamos la carpa y pasamos el resto de la tarde sentados viendo el glaciar compartiendo un mate. Luego, estuvimos con la niña pequeña del refugio, Abril, de un año y medio, que nos estaba venga convidar a unos frutitos de unos arbustos, llamados "chauras". Fogón, cena, estrellas, ... y a dormir a la carpa, con miedo a un gélido frío que solo se quedó en frío. No heló. Dicen que tuvimos suerte...

Al día siguiente, el objetivo era el refugio del Cajón del Azul. Estaba a unos 4 horas. Y el camino comenzaba con una hora de empinada subida. Ahí, por una mala elección del camino, hice el tobogán, o sea, caí rodando por el barro unos 5 metros. Un mal paso lo tiene cualquiera, no? Y ahí fué cuando Maguita hizo "el gallego". A pesar de ver que yo me había caído, ella siguió el mismo camino que yo, cayendo, como es obvio, en el barro como yo, y rodando los 5 metros de desnivel... en fin.
Y llegamos al Refugio Natación, que está al lado de un lago homónimo. Dejamos las mochilas, y nos fuimos a un lugar que se veía nieve ahí cerca. Qué emoción!!! Volver a tocar la nieve nuevamente!! Ahí patinamos un poquito sobre el hielo, y nos sacamos fotos haciendo el boludo con la nieve... si es que a veces nos comportamos como niños!!! Seguimos caminando y tras empinadísimas bajadas llegamos al río azul en 3 horas.

Era impresionante la transparencia de las aguas del río azul. Se veía todo TODO TODO!!! Los peces, los desniveles de las paredes, las piedras, ... daban ganas terribles de saltar, pero creo que con la foto suficiente. Tirabas una piedra, y veías como iba bajando hasta depositarse en el fondo. Seguimos un poco más, y llegamos a la pasarela que cruza por encima del cajón del azul, para luego llegar al refugio, conocido también como "Lo de Atilio", que es la persona que vive ahí. Sin comentarios sobre su merecidísima fama, ya que nada más llegar nos dijo: "Bienvenidos chicos, que queréis tomar, mate o té?" yo venía pensando en la también famosa cerveza artesanal que prepara él mismo, pero... eso sería a la noche para cenar.

Acampamos, armamos el fogón... y a cocinar. Y ahí estuvimos viendo estrellas, satélites y algunas estrellas fugaces. Increíblemente estrellado el cielo.

Era tan lindo el lugar que decidimos quedarnos un día más. Así, aprovechamos para visitar unas cuevas, y conocer mejor el "cajón del azul". ¿Qué es exactamente? Pues es un encajonamiento que sufre el río, como un desfiladero, que llega un momento que estás a 30 metros de altura sobre el agua, y podés poner un pie a cada lado del cajón!!!! Simplemente, maravilloso!!! El ruído del agual, el color azul clarísimo... como para quedarse un largo rato mirándolo. Y mientras Maguita hacía reiki, o meditación, o yo qué se qué; yo me dedicaba a mirar el entorno, disfrutando de él, y creo que al igual que ella, recibiendo la enorme energía que transmitía ese lindo entorno.

Y al día siguiente, ya sábado... volvimos al pueblo, a El Bolsón. Aprovechamos para lavar ropa, visitar nuevamente la feria artesanal, comer ricas cosas en ella, y salir un poco de fiesta (festival de reggae...). El domingo... a la ruta. Destino deseado: Ushuaia. Distancia: unos 2000 kms. Voy al frío!!!!