-------------------- El Viajero ----------------

Nacido en Pamplona, capital del viejo Reyno de Navarra. Con 25 años, para algunos muy tarde para algunos muy pronto... decidí varias cosas: Me encontraba inmerso en un estilo de vida que no me satisfacía plenamente, ya que daba igual que tuviera 25 años o que tuviera 50, iba a seguir haciendo lo mismo, y con lo mismo para contar cada día. Así, que empaque la mochila ... y partí un día 6 de octubre de 2005 hacia Buenos Aires, donde empecé algo... que no se cuando acabará. Mi objetivo principal es VIVIR, y a la vez, sentirme vivo. Viajar... una forma de vida. No consiste en llegar a un lugar, sino disfrutar de cada segundo del camino, cada lugar, cada persona, cada grano de tierra, cada atardecer como si fuera el último y el más lindo... Y en eso consiste mi viaje, no llegar a ninguna parte... vivir viajando; al fin y al cabo, VIVIR. Y desde aquel momento, me considero la persona más feliz del mundo, con una riqueza inmaterial que nadie me puede quitar y nadie puede comprar, que no depende de nadie. Como una vez leí, las cosas verdaderamente buenas de la vida, no son cosas ni tienen valor. Aprendo, vivo y disfruto; entonces ¿por qué parar de viajar?
jotikass@gmail.com

martes, diciembre 22, 2009

Pura vida, que nos vamos para Panamá

Llegamos a Cahuita, como decía un pueblito medio hippie, sin muchas prisas, en donde lo principal es surfear (con lluvia... no quisimos) y caminar por el parque nacional Cahuita (con lluvia.. no nos quedaban más cojones). Así que valiéndonos de esa gran frase Costarricense, que la usan constantemente... vimos que estaba lloviendo y dijimos: pura vida, nos vamos para el parque.

El parque... es el único que pagas lo que quieres para entrar. Cuando el ministerio decidió poner 10 dólares de entrada a cualquier extranjero a cualquier parque, los habitantes de Cahuita se amonitaron a la entrada del parque, consiguiendo que en esta entrada permitieran entrar con la voluntad, a pesar de que el ministro decía que así, los parques nacionales iban a acabar de mochileros drogadictos y mendigos. Hombre, marihuana había mucha por ese pueblito, pero de ahí a drogadictos...

Lo caminamos, viendo algunos monos, vegetación, viendo la costa... y tras unos 10 kms, ya salimos y nos volvimos a encontrar en la carretera, para llegar a nuestra siguiente parada: Puerto Viejo de Talamanca.

Ahí nos alojamos en un lugar que es como el típico lugar para gringos. A las afueras del pueblo, a la orilla del mar con olas para surfear, y con bar, restaurante, música en vivo a las noches, hoguera en la playa todas las noches... el sitio no era una maravilla de orden y limpieza, pero era barato. Ah, y el sitio en el que dormíamos, le llamaban el campo de concentración porque tantas hamacas juntas... no parecen otra cosa. En nuestro barracón, unas 60 hamacas. Y había más barracones...

El pueblito en sí, no tiene mucho (aparte de "Salsa Brava", la que dicen que es la mejor ola para surfear de Costa Rica). Así que alquilamos una bici y nos fuimos hasta el final de la carretera costera, Manzanillo, donde se acaba la carretera y tras un parque natural uno estaría en Panamá. Con la bici agusto... viendo pájaros, paseando sin prisa, parando en alguna playita...y llegando a Manzanillo, donde lo primero que hicimos fue sentarnos en una mesa con dos locales de unos 65 años, y jugar al dominó. Pensábamos que nos iban a dar una paliza, pero llegamos a ponernos 6-4... para finalmente perder 10-6. Bueno, la pasamos bien... y seguimos nuestro camino. A la vuelta, tuvimos la gran suerte de ver un Perezoso en la rama de un árbol, y tras estar un buen rato intentando fotografiarle la cara... vimos que su nombre está muy bien adjudicado.

Al día siguiente, ya tocaba cambiar de país, y nuestro destino fue Panamá, al que llegamos tras cruzar caminando un puente que antes era para el tren, y sobre el cual habían puesto un par de maderos mal puestos para intentar "facilitar" el paso humano. Sin embargo... nada más lejos que facilitarlo!!! En fin, que llegamos, y nuevamente un país diferente. Para empezar, subirnos a un bus y descubrir que en los buses de Costa Rica no ponían música, pero en Panamá... nuevamente como en el resto de Centroamérica, pues sí. En este caso Aventura, bachata a todo volumen...

Y llegamos a Almirante, pueblito costero en el que se consiguen lanchas para cruzar al archipiélago Bocas del Toro, que era nuestro destino. Y para cruzar, nada de transporte cotidiano. Un chino, con su balsa llena de mercancías nos ofreció llevarnos por unos dólares... y ahí fuimos. Aunque luego, como no hablaban casi castellano, casi no nos entiende en qué isla queríamos quedarnos y casi nos deja en la de enfrente. Pero bueno, no hubo drama y llegamos a Colón, donde nos alojamos en un hostel... de unos catalanes, ahí sí que no había problemas de idioma.

Teníamos ganas de llegar a Ciudad de Panamá, donde Oscar, pamplonica y amigo de Isaac nos esperaba en su casa. Así que como en Bocas, si no quieres jugarte el tipo surfeando sobre unos corales, tampoco hay nada "excepcionalmente" interesante para hacer (no digo que no haya cosas, y capaz con más tiempo pues hubiera echo más cosas), pues agarramos un tour por las islitas de la zona. Y eso, vimos unos delfines, luego hicimos un snorkel sobre un coral... para acabar en la Playa de la Rana Roja. Y flipando con estos animalitos...

Y mientras estuvimos en esta isla tan tradicional, en la que está prohibido incluso caminar sin camiseta (por no citar las prohibiciones de la foto) conocimos a un matrimonio de Mañaria, y nos pusimos a charlar con ellos por eso de la afinidad geográfica. Y resultó, que ellos también se iban a ir de la isla en una dirección parecida a la nuestra, y además tenían un carro alquilado esperándoles en Almirante. Nos ofrecieron llevarnos y nos faltó tiempo para aceptar. Así que al día siguiente, temprano nos llevaron en carro, atravesando el país casi de oceano a oceano, por una carretera muy castigada por riadas, deslizamientos de tierra y derrumbes producidos por la lluvia. Y ahí nos dejaron, en David.

Nuestra idea era subir el Volcán Barú, monte más alto de Panamá. Pero resulta que todo está nublado y llevamos 10 días, que sale el sol por la mañana y llueve por la tarde, así que no era lo que más nos apetecía. Aconsejados por más gente, decidimos hacer una travesía de unos 10 kilómetros, por el sendero llamado Sendero de Los Quetzales. Como dato, diré que la noche anterior habíamos cenado bien (un pollito asado por nosotros mismos, con papas y cebolla), y que habíamos desayunado huevos revueltos con tostadas y demás. Pero a partir de ahí, todo se nos fué complicando, ya que fuimos enlazando lancha, con coche, luego con el bus a Cerro Punta, sin ver ningún supermercado y sin poder comprar nada más que las gallegas que llevábamos encima. Con lo cual nuestro almacén de alimentos se limitaba a unos consomés.

Pero bueno, eran nada más que 10 kms, y lo podríamos soportar... o eso creíamos. Para empezar, desde donde nos dejó el bus hasta la entrada del parque en Cerro Punta, son 6 kilómetros cuesta arriba. Cuando llevábamos 5, nos encontramos con el guardaparques jefe, y nos dijo que no podíamos pasar, porque ya era muy tarde (la 1 y media), y porque el sendero estaba muy mal y se prohibía la entrada. Nos sentó como una patada en los huevos, pero le dijimos que íbamos a subir por lo menos hasta la entrada del parque y ahí veíamos si acampábamos (para lo que cobraban 6 dólares por persona). Nuestra idea, claramente, era colarnos. Pero nos encontramos con el otro guardaparques que estaba ahí. Nos dijo que no podíamos pasar (o sea, lo mismo); y le empezamos a rebatir diciéndole que eramos montañeros en España, federados, que teníamos seguro, que bajo nuestro propio riesgo, que llevábamos todo el equipo de emergencias necesario... y aceptó, siempre y cuando firmáramos una hoja aceptando que entrábamos bajo nuestro propio riesgo.

Pagamos 5 dólares (porque de eso sí que no te salvas), y nos explicó los "peligros". Básicamente, un derrumbe de tierras y un par de ríos que había que vadear. Y la verdad, había barro, el camino no estaba muy cuidado, pero de ahí a peligroso... creo que hay bastante. Es más, el único momento peligroso fué al final, para salir del parque, que había que cruzar un río, y como no queríamos mojarnos (recordando tiempos en el Parque Corcovado de Costa Rica vadeando un río 40 veces), pues nos las apañamos con una maderita. Así cruzamos por un puente (no muy seguro) hasta una piedra central con nuestras mochilas, para luego trasladar el puente a la otra mitad del río y seguir. Salió bien... como podía haber salido muy mal y llevarnos más de un disgusto.

Seguimos caminando, y encontramos un camino de carros. Estábamos cansados, sin comer, bajo la lluvia que empezaba, y ya con el atardecer ya acabado y casi sacando los frontales para caminar. Subíamos una cuesta interminable, y justo frente a un cartel que ponía "Cuesta de los lamentos", había algo medio llano. Ahí acampamos. No era fácil, ya que no hay lugar llano, y todo está embarrado, con piedras, ramas, ... pero esto era lo menos malo, así que ahí nos quedamos. La montamos y sin ganas de cocinar, empapados, en una tienda pequeña, durmiendo dos... dormimos (que no descansamos). Al día siguiente, levantamos, recogimos, todavía todo empapado y seguimos camino hacia arriba. Resulta que a 500 metros estaba la garita de entrada al parque, con mesas, y lugar para acampar (aunque seguramente nos hubiera costado más dinero).

Así que nada, caminamos hasta la carretera principal unos 4 kilómetros más, y ahí tras cambiarnos de camiseta y engañar un poco nuestro olor corporal subimos al microbús que nos llevaría al pueblo principal: Boquete. Menos mal que nos echamos desodorante, porque si no en el microbús... hubiéramos flipado. En Boquete, hicimos lo primero que había que hacer: desayunar. Y tras eso un bus de vuelta hacia David.

De David a Panamá, son como 7-8 horas, y pasa la Panamericana, así que caminamos hacia la salida para pedir autostop. Pero... fué imposible. Pocos camiones, no mucho tráfico... nadie paró, y cuando queríamos parar los autobuses ni éstos paraban. Pero finalmente, un bus paró, y nos subimos, realmente agotados por el no comer, el calor, la humedad y el cansancio.

Ya de noche, llegamos a Ciudad de Panamá. Ahí íbamos a casa de Oscar, y para llegar había que agarrar un taxi. Sabíamos que el precio eran unos 2,50 dólares. Pero al vernos con mochilas todos pedían 5. Les decías que les dabas 2,50, y parecía que se enfadaran de ver que un gringo sabe las tarifas!!!

Ahí llegamos, a casa de Oscar, y por fin un hogar. Para colmo, descubrimos Oscar y yo que no nos conocíamos antes, que vivíamos a 2 cuadras, y que estudiamos en el mismo colegio e instituto, o sea... como de toda la vida. Ducha de agua caliente, increíble (no recordábamos cuando fue la última vez con agua caliente). Y nada, pasamos los días con relax: bañándonos en la piscina del bloque de departamentos en el que vivía y visitando la ciudad: el casco viejo, los mercados, algún museo sobre el país y el canal, la conexión que hicieron con tierra entre varias islas para proteger el Canal del oleaje (construído con la propia tierra extraída en la construcción del canal), en el casino (jugando a la ruleta y al blackjack mientras las putas -en su mayoría colombianas y operadas de las tetas- se te acercaban, y mientras la camarera te daba de beber gratis), ... en fin, 5 días de tranquilidad, con calor, y durmiendo con aire acondicionado, en una ciudad en la que solo se ven rascacielos, pero si empiezas a caminar ves que entre rascacielo y rascacielo hay casas bajas, donde vive la gente humilde, que ve como su país, antes invadido por los gringos, ahora se ve invadido por todo el mundo, con una especulación inmobiliaria que te la regalo.

Obviamente, uno no puede moverse caminando por tan grande ciudad, pero bueno, entre negociar taxis, y los amigos de Oscar que nos llevaron a conocer lugares y sobre todo pudimos disfrutar de esa gran obra de ingeniería histórica ya, el Canal de Panamá. Es increible ver como un barco de semejante tonelaje, es ascendido o descendido, según la dirección 16 metros puramente con la fuerza de la gravedad del agua... y todavía es más increíble el pensar que esto fué construído hace casi 100 años. Sobre el canal y sus historias... podría escribir un blog más, porque realmente es muy interesante toda la historia de como los franceses comenzaron, por qué lo dejaron, y como Panamá utilizó eso para independizarse de Colombia dando el canal a EEUU, los cuales practicamente se adueñaron de parte del país hasta 1999, cuando por fin, el canal volvió a manos de Panamá. Y eso por no hablar de la historia de Panamá, de la cual justo estos días se cumplió 20 años de una invasión de EEUU para quitar a un dictador que ellos mismos habían puesto... como dice la canción de Reincidentes, la historia se repite. En fin que no me lio... feliz año!!

lunes, diciembre 14, 2009

2 semanas para recorrer Costa Rica

Costa Rica... es diferente... y no solo porque todas las frases las acaben con "mae" (por ejemplo, que onda mae?) o por que le llamen la Suiza de Centroamérica (con acierto, por cierto... todo montañitas y vaquitas). Para empezar, la gente de Guatemala, Honduras, Salvador o Nicaragua necesitan visa para entrar en Costa Rica, ya que su desarrollo económico atrae a gente que quiere buscar un trabajo digno. De echo, muchas empresas gringas tienen oficinas o sucursales acá en Costa Rica, y todo eso... se nota. Pero yo no ando buscando trabajo, ni sucursales, ni nada... yo ando buscando naturaleza, aventura, ... y de eso tambien hay mucho en Costa Rica.
Como dije, estábamos en Heredia, donde aunque no lo pensábamos al comienzo del día, habíamos llegado, y finalmente encontrado un alojamiento con televisión y baño privado... en el que nos preguntaron si queríamos la habitación por horas o por toda la noche. Y es que, era un hotel de citas. Y todo estaba con cámaras de vigilancia, doble verja de protección a la entrada, ... en fin, la cosa no pintaba bien por este barrio, así que cenita y a dormir.
Al día siguiente, comenzaba nuestro verdadero proceso de visitar y conocer Costa Rica. No teníamos mucho tiempo para el país, nada más unos 10 días, así que habíamos echo un pequeño listado con las cosas que nos podrían interesar, que nos venían de camino y que no eran excesivamente caras; así que tuvimos que dejar cosas interesantes, pero nos quedamos contentos con la elección, lo jodido sería conseguir visitar todo eso en el tiempo previsto.
Primera parada fue visitar, y subir el volcán Barva. Y ahí fuimos, aunque no pudimos dormir en el cráter, pero nos dejaron unas cabañitas ahí al lado en el parque (para el cual hay que pagar, por supuesto!!). Fue lindo el camino, entre tanta vegetación, el atardecer... Al día, siguiente, bajamos y queríamos agarrar el bus a las 7.20 d ela mañana, así que temprano temprano a las 5 nos despertamos, y sin amanecer comenzamos a caminar hacia abajo. El tema era que estábamos cerca y no llegábamos y no llegábamos y comenzamos a correr, con los mochilones, cuesta abajo... para finalmente agarrar el bus (porque salía a las 7.40!!!). Pero bueno, conseguimos.
De ahí, pasamos por San José de Costa Rica, donde entre bus y bus teníamos 5 horas para conocer la ciudad. Casi, lo más interesante fueron las cercanías de donde teníamos el bus, las cercanías de la terminal Coca-Cola (sí, así se llama). Calles en las que había putas, gente rara, y una comisaría de policía totalmente enrejada como si no se atrevieran a salir a la calle. Sin más, a las 3 un bus que nos llevaría a Playa Tamarindo, tras interminables 6 horas metidas en un bus.
Playa Tamarindo, es un lugar pequeñito, con muchas calles que son de tierra, y llena de surferos y gente como yo, que sin más, por verlo y tomar unas cervezas. Estuvimos un día, y ahí Isaac probó suerte con las olas. Yo estaba... guardando las cosas en la arena! No me mola mucho el surf, y si hay rocas o coral cerca... pues como que todavía menos. Pero bueno, la playa estaba linda, sin gente, con vegetación hasta el borde...
Sin tiempo para descansar, al día siguiente, a las 5 de la mañana un bus para San José, y de ahí, un bus para la península de "Osa", ya que queríamos visitar el parque Corcovado. Nos bajamos en el poblado de La Palma, y tras pasar la noche al día siguiente comenzamos el caminito. El plan era caminar 12 kms hasta la entrada del parque, vadeando un río, y luego unos 14 kms para llegar a la costa , y ahí acampar, para el día siguiente caminar otros 20 kms y salir del parque por otro lugar. Un parque super-recomendado por todo el mundo... y ahí fuimos. Al principio nos daba gracia, eso de tener que descalzarnos para cruzar el río... pero después de 15 veces, ya no tanta. Y cuando llegamos a la entrada del parque, ya lo habíamos cruzado unas 20 veces, así que Isaac iba con sus botas mojadas (cansado de quitárselas ya se las dejó), y yo con sus hawaianas que me hacían rozadura. Llegamos a la entrada... y ahí nos dicen que no, que sin reservación y que sin guía no podemos entrar. En fin, lo triste de este país... todo es dinero. Me jode tener que pagar tanto para entrar a un parque, pero bueno, confiando en que se vaya a destinar bien ese dinero, lo pago. Pero de ahí, a tener que pagar a un guía para que camine conmigo... me parece ya sacar dinero porque sí. El tema, es que teníamos que volver sí o sí. INtentamos colarnos sin pagar, pero nos atraparon en el camino y nos mandaron de vuelta. Otra vez a vadear el río 25 veces para volver al comienzo, y encima de mal humor.
Sin tiempo para relajarnos, subimos a un bus que nos llevaría a San Isidro. No se si fue porque era domingo y todas iban arregladas, pero era increíble la cantidad de mujeres que había en este pueblo, y con un nivel... elevadísimo!!! Así que lo pasamos bien por un ratito. Luego, a cenar, y dormir, ya que al día siguiente, otra vez madrugón. Ya habíamos perdido la cuenta de los días que llevábamos levantandonos antes de que amaneciera, y el día siguiente iba a ser otra vez así.
Salimos al parque a las 5 de la mañana para subirnos al bus que nos acercaría a San Gerardo, último pueblo antes de subir al Chirripó, monte más alto de Costa Rica con unos 3.820 metros. Pagamos la entrada, dejamos algo de peso por ahí... y zas, a caminar. Nos quedaban por delante unos 2 kms hasta el comienzo del sendero, del cual eran 14 hasta el albergue en el que dormiríamos. El camino marcado y señalizado, sin complicación, si no fuera por el barro en algunos tramos y los mosquitos pesados típicos que parece que quieren subir todo el rato tocándote las narices. A pesar del peso, y del cansancio de días anteriores caminando y nuestros pies doloridos, en unas 6 horas ya estábamos en el refugio. El refugio... qué decir, tenía hasta internet (aunque bueno, por lo que cobran...). Así que nada, dejamos todo y fuimos a subir al cerro Crestones, para ver el atardecer. Desde ahí, y a pesar de las nubes pudimos ver a lo lejos el oceano pacífico.
Al día siguiente, nuevamente madrugón, 3 de la mañana, para llegar a la cima del Chirripó hacia las 5, justo para ver comenzar el amanecer, sobre el oceano Atlántico. Las nubes del Pacíficio seguían ahí, por lo que dificultaban el verlo. Pero la sensación de estar sobre una montaña y ver los dos océanos, solo se vió un poco ofuscada por el viento y el frío que hacía!!!! Joder, un día dormimos en Tamarindo con aire acondicionado, y a los dos días nos cagamos de frío. Vamos a acabar enfermos. Así que bueno, tras eso... vuelta los 6 kms hasta el albergue, agarrar la motxila, y 14 kms más para abajo... LLegamos muertos. Entre las heridas de los pies por el vadear el río el día anterior, más la subida, y ahora la bajada... ya no queríamos caminar más.
Y así estábamos, cuando apareció un gringo que nos ofreció llevarnos a San Isidro. Perfecto, ahí fuimos, y tras almorzar y ver el partido de fútbol del Madrid contra el Olympique en la televisión, nos subimos en un bus que nos llevaría de nuevo a la capital, a San José, donde esta vez si pasaríamos una noche... pero sin mucho más.
Al día siguiente, nos irían a buscar, porque los dos próximos días los pasaríamos en Turrialba, una de las capitales mundiales de los deportes de aguas bravas. El primer día, Rafting, de grado 4+. Lo que me gusta. Y super bien... aunque el primer rápido, "hicimos palomitas". Qué pasó? Pues que el primer rápido era grado 5, y en vez de pasarlo caminando quisimos pasarlo remando, y una piedra nos sorprendió... y todos (menos el capitán) acabamos en el agua, saltando de la lancha como las palomitas. Al día siguiente, queríamos bajar un río de grado 3-4 en kayak, pero cuando nos preguntaron si sabíamos hacer eskimotaje... nos mandaron directamente a la balsa para bajarlo en kayak. Bueno, qué le vamos a hacer. Y tras estos dos días de deportes acuáticos, sin usar mucho las piernas para relajarlas... rumbo al caribe. El transporte nos dejó en Cahuita, pequeño pueblo medio hippie en la costa caribeña de Costa Rica.

sábado, diciembre 05, 2009

Corn Island, aventuras para llegar y para salir, así es el caribe

Viajar de Granada a Esteli, dos chicos en Autostop, empezó complicado, pero acabó muy bien. Pero, ¿qué pasaría al día siguiente?

Teníamos la intención de volver por la misma ruta hasta casi Tipitapa, para de ahí meternos a la menos transitada ruta que nos llevaría hacia Rama, último pueblo de la carretera.

Y eso hicimos, con tan buena suerte, que nada más salir a la carretera, una pick-up con destino Managua nos llevó rápidamente los 150 kms que nos separaban del cruce. Todo había comenzado muy bien, y nos temíamos qque al contrario del dia anterior (que empezó mal y acabó bien), este empezaría bien y acabaría mal.

Así fue... en parte. Tras un rato bajo el sol, paro un camión que nos llevaría un trocito, y como el suelo del remolque estaba sucio, Isaac y yo nos pusimos a viajar en el techo del camión. Libertad absoluta. El tema es que ya de Juigalpa no conseguimos quien nos llevara, y la presencia de nubes, y el atardecer, nos animó a subirnos al último bus que pasó hacia Rama. Y llegamos, en medio de un aguacero, justo para alojarnos en un hotel echo con 4 tablas, en el que se oia todo lo de las habitaciones de al lado (y cuando digo todo, digo todo). Compramos el pasaje para el día siguiente a las 5 de la mañana, cenar y a dormir.

Madrugón, y tras dos horas de viaje en lancha por un río rodeado de espesa vegetación, llegamos a Blueffields, pueblo en la costa de Nicaragua, en el que la población es principalmente negra y el inglés el idioma co-oficial. Pensábamos quedarnos uno o dos días, ya que toda persona Nicaraguense nos decía que las chicas de acá eran las más lindas del país.

Sí, lo eran, pero, cuando llegamos al muelle a las 7 de la mañana, nos dijeron que justo ese día salía un barco a Corn Island desde El Bluff, otro muelle más importante, al que solo se puede llegar en barco, y estaba a 15 minutos en lancha. El siguiente barco para las islas de Corn Island sería... el jueves o el viernes... nadie sabía seguro. Pagamos nuestro pasaje, y a esperar; porque la lancha no salía hasta que no se llenaba. Y tuvimos que esperar una hora y más.

Por fin, salió, e íbamos llegando a El Bluff, cuando una señora nos señala un barco y nos dice que ese barco que se iba, es el que iba para Corn Island. Puchica, lo habíamos perdido. ¿Qué podíamos hacer? Un niño nos dijo que había un barco en Capitanía, que iba a salir hacia Corn Island hacia las 11. Ahí fuimos.

El barco era un Langostero, que tras 45 días en el mar, y ya limpio, volvía a Corn Island a descansar unos días. Nos pusimos en la Capitanía marítima a esperar al capitán para charlar con él, pero no nos dimos cuenta y de repente vimos que el barco se movia. Mierda, volvimos a perder un barco???? Por suerte, paró en el Servicio de Repostaje del puerto, así que corriendo para allá, y tras convencer al de seguridad y tal y cual... conseguimos embarcar. Sï, en un barco Langostero... unas 4 horas, tirado en cubierta, dormisqueando, y viendo alguna ola más grande que otra interponerse en el camino del barco. Pero llegamos a Corn Island.

Ahí dormimos una noche, pero nuestro destino era Little Corn Island. Esta como a 20 kms. Y se va en lancha. Ahí fuimos. Y la conclusión de Isaac y mía era que en los cayucos o las pateras viajan mejor. Fue terrible. Lloviendo, con oleaje, unas 25 personas en una lancha, tapados con un plástico para protegernos de la lluvia y de las olas, volando LITERALMENTE sobre las olas... incluso había quien iba rezando. Y todo esto, ya anocheciendo... No se lo recomiendo a nadie.

Llegamos, nos alojamos en un hotel que daba gusto. Por 10 dólares la habitación, teníamos dos camas, baño privado, aire acondicionado (cuando había electricidad) y Televisión (aunque el huracán IDA había roto las antenas y estaban en espera de que las arreglaran). Además, teníamos cocina, billar, dardos, ...

Aprovechamos estos días para bucear, y vimos tiburones, tortugas, increíble cantidad de langostas, estrellas de mar, ... Muy agusto. Pero lo mejor de ver esas langostas, era comerlas. Y claro, otra cosa no, pero en comer... no nos gana nadie, así que no solo un día, sino dos (y porque no nos dio tiempo a un tercero) fuimos a comer Langosta por la isla.

Pero todo esto, no era lo mejor. Lo mejor era la isla en sí. Una isla pequeñita, en la que solo hay unos 400 metros de camino encementado, siendo lo demás tierra y barro, con playas vírgenes, sin coches, sin motos, ... Así me pasé los cuatro días que estuvimos descalzo.

Era un auténtico paraíso, pero... tampoco íbamos a estar toda la vida ahí, así que decidimos volver. Nuestra idea era ir a Bluff, y de ahí enganchar una lancha que Capitanía nos había dicho que salía el lunes a la mañana hacia San Juan del Norte, viajando por la costa que normalmente la navegan lanchas motoras cargadas de Cocaína. Viajamos a El Bluff, en un barco abarrotado de gente y de carga, con gente durmiendo en hamacas colgadas de palos mientras otros (yo entre ellos) nos tirábamos en el suelo.

Viajamos por unas 5 horas y llegamos a El Bluff, pero resultó que unos decían que salía luego, y otros que había salido ayer, que hasta dentro de 4 días no había otra. Otros decían que mañana... Así es el caribe latinoaméricano. ¿Quien sabe? Ya nos inclinamos por creer que habíamos perdido nuestra lancha, y como no nos quedaban muchos días, decidimos saltar esa parte del camino, volviendo por donde habíamos venido, es decir volvimos a Rama, donde volveríamos a las carreteras.

Tras desmontarnos de la lancha, comenzamos a caminar, ya que faltaba una hora para el bus, y queríamos caminar hacia la salida para hacer autostop. Un señor, nos llevó al pueblo siguiente, unos 10 kilómetros, y ahí enseguida, nos paró otro auto, manejado por un señor negro que había viajado con nosotros en la panga. El tipo, Chester, tendría unos 50 años, y trabajaba para la seguridad nacional de los EEUU, en colaboración con la CIA y el FBI. Y era natural de Blueffields. Estaba de vacaciones, pero claro, siempre observa, y nos empezó a contar como había dos personas en nuestra lancha que llevaban droga, y la policía les permitía... y bueno, muchas más cosas. Sus viajes de trabajo a Asia, a Guantánamo, a África... EL tipo era un cachondo, y nos contaba también de las fiestas que se montaba en Miami o en Las Vegas, cuando el FBI montaba algún congreso y así... jaja, lo mejor de todo, que me dio su teléfono (aunque creo que ya lo perdí). Espero encontrarlo, y si voy por Miami, verlo con mis propios ojos.

El tema es que tras comprarnos algo para comer, nos dejó en el cruce que queríamos, donde la palabra carretera deja de tener sentido para convertirse en la peor carretera de la red principal de Centroamerica. Un p**o camino de cabras, que nos llevaría a San Carlos tras más de 6 horas dando saltos. Fue terrible, pero llegamos. San Carlos, se encuentra en el punto en el que el lago Cocibolca (lago Nicaragua) se desagua en el Rio San Juan para ir al Atlántico, y por donde antiguamente los piratas franceses e ingleses entraban al lago para atacar la ciudad de Granada. No se sabe si también por que entran por acá, o porque se quedaron cuando bajó el nivel del agua, en el lago hay tiburones y peces sierra, la pena que la mayoría los pescaron y ya son muy difíciles de ver...

Nuestra última noche en Nicaragua, fue en un hospedaje muy cutre, en el que nos levantamos sobresaltados a las 4 de la mañana, por una procesión de no se que vírgen, en la que muchísima gente iba cantandole, y tirando petardos... y yo muerto de sueño. En fin, malhumorados, nos levantamos, y fuimos a migraciones, sellar pasaporte, y una hora de lancha después (tras una hora de fila), llegamos a Costa Rica. Nuevo país por conocer.

No nos queda mucho tiempo para viajar, así que decidimos ir quasi directos hasta Heredia, cerca de la capital San José, lo cual nos llevó casi todo el día. Como dato, pareciera que entrábamos en el primer mundo: - pasos de peatones, algunos con sonidos para ciegos (y que además, se respetan!!!). - asientos para minusválidos en los autobuses, y unas maquinarias para subir a gente con sillas de ruedas, que ni en España!!! - una de las cosas que más necesitaba: Gas para mi cocinilla del camping.

Ya en Heredia, meditación... sobre Nicaragua. Qué gran país. Gente me preocupa si era seguro... seguro, segurísimo!!! Una gente super cálida, super amable, que no te molesta para pedirte o para llevarte a un hotel o a un restaurante, que siempre dispuestos a ayudarte, que siempre dispuestos a preparar un café, a abrirte la puerta de su casa... Muchos de estos tópicos los voy encontrando en países que voy viajando, pero en este caso me gustaría remarcarlo. Además, Nicaragua es contraste absoluto: el pacífico surfero, la cordillera de volcanes, la "perdida" moskitia, el ritmo caribeño de Blueffields y las islas a ritmo de "palodemayo", las auténticos cowboys de Estelí y alrededores, ... me voy encantado de Nicaragua.

martes, diciembre 01, 2009

Por el centro de Nicaragua

Para cruzar a Ometepe fuimos al puerto de San Jorge. Ahi nos querian cobrar 10 cordobas por derecho turistico, pero le dijimos que ibamos a trabajar, asi que nos ahorramos ese dinero. Y luego, al subir al ferry, la eleccion: ir en el de primera y pagar 60 cordobas, o ir en el de 40... y viajar dando saltos sobre las olas. Obvio. Y ya en la isla, a subirnos a un autobus para recorrer los 18 kms que nos separaban del hostal al que ibamos. Nos costo dos horas llegar. Y es que la carretera era MUUUUUY MALA. Una de las peores por las que he viajado.

Estuvimos unas 3 noches tranquilos, viendo el volcan siempre con una nube en su cima, pedaleando un dia para ir a una playa... Todavia me duele el culo de aquel sillin. Pero bueno, fue lindo.

Volvimos a tierra firme y seguimos viajando de autostop hacia Masaya donde Eliasyd nos esperaba. En este viaje, nos llevo en su coche Otto German, un personaje... super de izquierda. O sea, lennin era de derechas comparado con este sandinista extremo. Su padre habia luchado en la guerrilla en el batallon principal. Y el... se dedicaba a adoctrinar a sandinistas. Y encima... casada con una vasca, y padre de una hija llamada Irati.

En Masaya, Eliasyd nos trato como dioses. El y su tio Magdiel nos llevaron a visitar lugares cercanos, como el humeante volcan Masaya o el bosque tropical que esta en el crater del Volcan Mombacho, o la laguna de Apoyo... A todo esto, mientras estabamos ahi, llego Isaac que iba a ser mi nuevo compañero de viaje.

Viajamos los tres a Granada, y ahi Jackie ya nos dejo solos a los dos. En Granada, ciudad colonial muy linda... poco que decir, ya que lo que mas hay para contar es de la juerga que nos metimos y de la gente que conocimos, entre ellos un catalan que desperto a la dueña de su hospedaje a las 2 de la mañana para que nos diera cervezas. El tipo, tenia unos 70 años, y pareciera que vivia ahi todo el año.

Isaac y yo, teniamos pensado ir hacia Corn Island, pero nos quedaban un par de dias para el barco que nos interesaba, asi que nos fuimos a la carretera con direccion a Esteli. Viajar dos chicos no pintaba muy facil, pero sin problema fuimos avanzando.

En Esteli, fuimos a visitar el lindo salto La Estanzuela, y asi bañarnos en el. Y como eran 7kms caminando por una carretera de cabras, tuvimos la suerte de qeu unos gringos pasaron por ahi y nos llevaron en su camioneta. Para cenar, lo tipico en Nicaragua: Vigoron y corte de luz.